Cómo migran las aves
La migración responde a la disponibilidad estacional de alimento y se guía mediante el sol, las estrellas, el campo magnético y referencias aprendidas.

Por qué migrar
La migración responde principalmente a la disponibilidad estacional de alimento. Muchas especies septentrionales aprovechan en primavera y verano una explosión de insectos, semillas y otros recursos que desaparece en invierno. Las aves migratorias viajan entonces a zonas donde la comida sigue disponible. La golondrina común, casi totalmente insectívora, debe abandonar sus áreas de cría cuando los insectos voladores escasean mucho antes de que llegue el frío intenso.
Cómo encuentran el camino
Las aves combinan señales independientes en un sistema muy fiable. De día utilizan la posición del sol y corrigen su movimiento; de noche, algunas leen patrones estelares. La mayoría percibe además el campo magnético terrestre mediante un mecanismo aún no comprendido por completo, lo que les proporciona una brújula incluso bajo nubes. Los adultos experimentados añaden costas, montañas y valles aprendidos en viajes anteriores.
El calendario importa tanto como la dirección
Partir demasiado pronto puede significar llegar antes de que haya alimento; demasiado tarde, perder las mejores condiciones reproductoras o afrontar peor tiempo. La golondrina común vuelve a las mismas áreas dentro de una ventana primaveral sorprendentemente estrecha gracias a señales heredadas ligadas a la duración del día y, en adultos, a la memoria de viajes previos.
No todas las generaciones aprenden igual
En unas especies, los jóvenes siguen a adultos y aprenden el recorrido. En otras, como varios cucos, migran solos y llegan a una zona de invernada nunca vista mediante instinto heredado. Las rutas migratorias repetidas generación tras generación son el resultado acumulado de estas estrategias.


